viernes, 4 de marzo de 2011

Capitulo 3: Confusiones


Poco a poco, los ataques aumentaron, la ciudad se estaba llenando de vampiros, nosotros estábamos investigando  quien los mandaba, pero no podíamos encontrar nada que nos ayudara, nos enteramos que estaban matando a los que se alimentaban de animales, mientras mataban a su especie, se avecinaban nuevos.
Por la noche la gente tenia miedo de salir, se la pasaban todo el día haciendo sus cosas.
Mientras íbamos en el auto por la carretera, vimos a  un grupo de vampiros que se alejaban poco a poco, los seguimos  con mucha distancia, no queríamos que nos descubrieran, cuando ellos entraron, salimos del auto y los seguimos a pie, no lo dejamos muy lejos por si nos  descubrían, teníamos que ser muy precavidos porque todo estaba infestado, nos podían ver desde atrás o desde a dentro.
Subieron a la cima de una montaña, allí se encontraba una cueva, estaba llena de ellos, no estábamos seguros de que hacer, ellos eran cientos y nosotros solo éramos seis, volvimos al refugio rápidamente.
Paul llamo a otros cazadores, de Italia, Venecia, Transilvania, Pensilvania, Salem, entre otros y les conto lo ocurrido, se avecinaba algo grande, los otros pidieron que los mantuvieran informados.
No se registro mucha actividad en los próximos días, todo estaba demasiado tranquilo, al igual que yo.
Todo era normal, demasiado normal quizás, pero no quería levantar sospechas, me la pasaba entrenando con mi transformación, quería desarrollar al máximo mis habilidades y sentidos, para luchar.
Golpearon la puerta, no se encontraba nadie en el refugio solo yo, supuse que eran ellos y que se habían olvidado las llaves, pero me equivoque.
Al abrir, me encontré con un grupo de tipos, eran tres mujeres y tres hombres, había olvidado cambiar de forma, ellos abrieron los ojos como platos y sacaron sus armas, estaba seguro que no entrarían en razón,  no me creerían si les decía que era un cazador.
Me apuntaban al corazón, comencé a correr por todo el refugio evitando disparos, hasta llegar a mi cuarto, comenzaron a golpear la puerta  con la pierna, yo no quería salir, no tenía miedo, pero no quería dañarlos o hacerles algo malo.
Salte por la ventana y subí por las escaleras hacia la terraza, comencé a correr saltando obstáculos, el techo era demasiado alto, me maree varias veces, hasta llegar al otro extremo, pegue un salto hasta la pared que estaba en frente, estaba mas que seguro que no me seguirían, pero me equivoque.
El hombre que parecía ser el jefe, salto la tapia y logro agarrarse con una sola mano, no sabia que hacer, la tapia era alta, pero si lo ayudaba  era muy probable que me asesinara o torturara.
Paul no me lo perdonaría si lo dejaba caer, y los otros tampoco, lo agarre del cuello de su chaqueta y lo levante, ya estaba agotado, me la pase entrenando y con toda la persecución ya no daba mas, me senté con la esperanza de que no sacara el arma, pero lo hizo, quería matarme a toda costa, le quite su arma en un segundo, y comenzamos a luchar, mas bien, el comenzó a tirar golpes y yo los bloqueaba, no quería dañarlo, pero el a mi si, me distraje cuando mis amigos abrieron la puerta principal, el tomo el arma y me apunto en la cabeza.
Escuchaba los pasos de mis amigos por todo el refugio,  estaban corriendo hacia el patio junto con otros pasos que eran del otro grupo, aparecieron por la esquina de la  pared, yo los mire, mientras el otro no despegaba la vista de mí.
No tuve tiempo para explicarles, ya que al momento en que me vieron sacaron  sus armas, pero en ese momento le hable  fuerte y claro
-Deja de apuntarme, yo estoy con los cazadores pero ustedes no me dieron tiempo para explicarles- pero el se rehusaba a sacarme el arma de la cabeza, era terco como una mula, no estaba dispuesto a entender y yo ya me había cansado de hablar, salte hacia abajo, gracias a Dios la licantropía me daba mas equilibrio y fuerza en los músculos, por lo que no me hice ni un rasguño.
Me dirigí hacia ellos mientras el otro jalaba el gatillo en mi dirección, y yo emitía una sonrisa de burla, no tenía balas, se las saque cuando voló por el aire.
Se oyó un disparo, me dio en la pierna, mientras todos miraban, me di cuenta de que aquel disparo provenía de atrás mío, me di vuelta, y vi que era de su pistola, era imposible, estaba seguro de haberle sacado todas las balas, pero era mas que obvio que estaba equivocado.
Caí al piso con un grito de dolor, era una bala de plata, sentía que mi sangre estaba ardiendo, seguía gritando, el ardor era terrible, parecía que me estuviera incendiando, toda mi visión se volvió borrosa mientras yo seguía gritando, veía pequeñas manchas de luz, y oía la vos de mis amigos a mi alrededor, me llevaron al interior, la luz me quemaba los ojos y la carne parecía arder en llamas.
-¡Traigan el antídoto Ag!- Ya no soportaba el dolor, mi amigo gritaba preocupado, ya estaba al borde de la histeria.
Mi cuerpo temblaba de una manera insoportable, ahora tenia frio, las llamas se había esfumado y me estaba congelando.
Rápidamente cambie de opinión, el frio era mas insoportable que las llamas, sentí un pequeño pinchazo en mi cuello.
-Mátame, me duele, por favor, fue lo ultimo que dije antes de quedar inconsciente, supuse que el pinchazo en mi cuello,  era el antídoto, pero no estaba seguro, quizás no sufrí tal pinchazo, podía haber  sido mi imaginación y nada mas.
Al despertarme, me sentía como nuevo, estaba seguro de haber dormido solo unas horas, Benjamín estaba a mi lado, ensancho una enorme sonrisa al verme despierto.
-Al fin despiertas Blanca nieves, ya le iba a pedir a María que te besara- comencé a reírme
- ¿cuanto tiempo dormí?
-Unos dos días, nos diste un gran susto, parecías poseído, Paul ya hablo con Isaac mientras María y Santiago hablaron con Sandra, Jazmín, Sabrina, Jacob y Cooper.
Supuse que eran los cazadores que nos visitaban,  ¿Por que habían venido? ¿Cuánto tiempo se quedarían? ¿Se podía confiar en ellos? Serias dudas poblaron mi cabeza, tendría que hablar con Paul y preguntarle todo, no iba a dejar que el tema se pasara como si nada, también quería preguntarle que explicación les había dado el tal Isaac.
Me levante de la cama, tenia las piernas duras por la falta de movimiento, en la sala estaban todos, Cooper y Jacob estaban jugando a la play mientras que las chicas se estaban maquillando y arreglándose las uñas.
Isaac estaba con Paul, estaban mirando un partido de beisbol, me estaba muriendo de hambre, Santiago estaba en la cocina comiendo un poco de pastel de chocolate, saque una porción para mi y  comencé a comer, estaba deliciosa, luego tome un poco de coca, al voltear, me encontré con ellos,  habían dejado de ver el beisbol  y se acercaron a mi.
-Lamento haberte disparado- parecía avergonzado, mientras me miraban
- Esta bien, no te preocupes, ya paso, ensanche una amplia sonrisa, y luego continuaron
-Tom ellos son cazadores de Transilvania, vienen a visitarnos todos los años para la misma fecha, olvide mencionarte que no te conocían, lo siento- bajo la mirada hacia el suelo
-Esta bien, ya paso, así que ¿Transilvania?, ¿cazan muchos de los míos allí? Quizás no estábamos tan “extintos” como yo creía.
-No, hace unos años atrás se encontraban mas de los que imaginas, pero ahora solo hay algunos que se mantienen ocultos y otros que aprendieron a controlarlo, como tu.
-Ok, mucho gusto en conocerlos.
Puse música a un volumen tranquilo, me dolían los oídos, por lo que  tenía que estar  baja hasta que se acostumbraran de nuevo.
Saque otro poco de pastel y continúe comiendo, Santiago me dio otra botella de coca, estaba muy hambriento, pero ya se me iba a pasar, me senté en el sofá y me puse a ver el partido.
Lamentablemente no me llamo la más mínima atención, simplemente estaba aburrido y no quería ver la tele, le subí un poco el volumen ala música, y me entre a bañar, por suerte el agua estaba caliente, me ayudo a relajarme y a pensar con mas claridad.
Los próximos días fueron tranquilos, no tuvimos ningún incidente ni nada por el estilo, yo iba camino a mi cuarto, pero cuando pase por el de Paul, el estaba discutiendo con alguien, me frene y use mi audición al máximo, la otra voz era Isaac, discutían sobre alguien, Isaac se quería deshacer de el, pero  no lo dejo, no era su grupo así que no podía decidir, ni cuestionar las decisiones del otro líder.
Luego escuche que estaban hablando de mí, Paul se rehusaba a sacarme del equipo,  pero el otro estaba muy insistente, lo odie profundamente, salí a caminar, necesitaba tomar un poco de aire, tenia muchas cosas en las que pensar, y además estaba furioso, ¿que problema tenia Isaac conmigo? Ni siquiera me conocía y estaba hablando para que saliera.
Las calles estaban desiertas, eso era muy extraño, pero con la furia que tenia no me había percatado de nada, una pandilla de motociclistas comenzó a rodearme en el medio de la calle.
No entendía que querían hacer, solo daban vueltas a mi alrededor, ya casi estaba mareado, intente saltar por encima de ellos, pero no pude, me volvieron de una patada.
Note como se iban frenando hasta que se detuvieron completamente, y se quitaron los cascos.
Eran vampiros, todas eran mujeres y la mayoría asiáticas, no entendí mucho lo que hablaban entre ellas, intente salirme, pero no podía golpearlas, eran mujeres dentro de todo, y yo tenia mis principios.
Empuje a una de ellas a un costado, pero en un par de segundos ella me dejo tirado en el piso, no se iban a rendir, si querían luchar yo les iba a dar una pelea.
Busque mi celular en mi bolsillo, pero no lo encontraba, no lo tenia conmigo, me di cuenta  que estaba tan enojado que no había llevado el celular conmigo, lo deje sobre la mesa de la cocina.
Comenzaron a pelear, yo solo podía atajar golpes y golpearlas con la mano de algunas de ellas, no tenia oportunidad, recibí un golpe en la nuca y me quede tirado, sentí como me arrastraban hasta una de sus motos y después como aceleraban y marchaban conmigo en una de las motos.
Probablemente a esta instancia Isaac ya tenía convencido a Paul y no se molestarían en buscarme, solo me dejarían morir sin piedad ni lastima.
Desperté atado a hierba santa, no me quería mover, cada movimiento me lastimaba, incluso el respirar dolía, no me sentía con ánimos de luchar, pues no tenía sentido hacerlo sabiendo que no me rescatarían.
Me golpeaban, me golpeaban con  ramas de hierba santa, y me cortaban con dagas de plata, no tenia el mismo efecto luego de que me pusieran el antígeno, pero el dolor era el mismo, ya sentía varios hematomas, me echaron algo en los ojos y mi visión se fue debilitando, no tenia la fuerza para gritar, me sentía muy débil y mis ganas de vivir ya estaban extintas, algo perforo la piel de mi brazo, me estaban inyectando algo, esperaba que fuera alguna clase de veneno, pero no, era algo para que no pudiera dormirme ni desmayarme, solo esperaba que la sombra de la muerte llegara y me arrastrara con ella al infierno, mi alma estaba maldita según las creencias, así que estaba seguro que no iba a llegar a las puertas del cielo.
Estaba moribundo, no podía moverme y seguía atado, me arrastraron hasta un coche y aceleraron, se habían agarrado varias grietas, y el movimiento me lastimaba aun más.
Todo  mi cuerpo estaba lleno de hematomas, cortes con dagas y hierba,  y más golpes.
El auto freno de repente dejándome caer en la parte de abajo, di un gemido que apenas escuche, me tiraron en el suelo y aceleraron, escuche como el auto aceleraba  y daba la vuelta, luego se acercaba en mi dirección y pasaba sobre mis piernas antes de irse.
Hice un intento de levantarme, pero no pude, todo estaba muy borroso, pero me arrastre como pude para llegar a la puerta del refugio, seguía envuelto en la hierba, mis piernas estaban destrozadas, no me quedaron más fuerzas para golpear la puerta, me quede tirado allí a la espera de que alguien la abriera en algún momento.
Vislumbre una figura blanca a lo lejos que se movía de una forma muy parecida a los dioses, no podía verle la cara, todo se estaba volviendo oscuro y borroso, solo estaba esa luz blanquecina y hermosa que se acercaba a mi lentamente y con una gran duda, luego mi visión se volvió nula, todo estaba oscuro  y me daba mucho miedo.
Mi cuerpo se estremeció al momento en que ella se posaba delante de mí y golpeaba la puerta y me cargaba con la delicadeza de una madre con su hijo.
Pero nadie respondía, golpeo más fuerte, hasta que la puerta se abrió lentamente, allí estaba Isaac, sentí su presencia y su perfume allí, los recuerdos iban y venían en mi cabeza, tenia ganas de agarrarlo y desarmarlo.
Mis ojos ya no percibían ni la mas mínima luz, no podía hablar, ni moverme, mis piernas me dolían pero no podía gritar para que las revisaran, solo podía escuchar como llamaban a Paul por teléfono.
-¿Dónde fueron todos?- la voz musical de  Alma, me hacia sentir mucho mejor, sentía que el dolor desaparecía mientras me concentraba en su dulce voz.
-Fueron a buscarlo, desapareció como si nada y  hace un rato, Paul me llamo diciendo que habían encontrado pedazos de su remera y sangre en medio de la calle cercana a la despensa.
-Oh mi Dios, mira el estado en el que lo dejaron- ella estaba histérica, y muy enfadada, se le notaba en la voz, mientras yo seguía sufriendo y soportando el dolor que me corría por las venas.
La vida en mi se estaba desvaneciendo, me estaba rindiendo, y solo el destino se encargaría de mi.
No podía desmayarme, era mucho dolor y ya había perdido mucha sangre, estaba muy débil y ciego.
Peque un grito de dolor cuando me sacaron la hierba que me ataba, luego comenzaron a curarme las heridas que iban a tardar en regenerarse.
Escuche un par de autos llegar y bajaron corriendo, al entrar por la puerta su voz reflejaba alivio, y luego reflejo nervios y preocupación.
No podía ver a nadie, y mis piernas estaban destruidas, supuse que iba a tardar mucho en volver a caminar hasta que me recuperara.
Ya no tenía mas energía en mi cuerpo, mi cuerpo no tenia la suficiente sangre y la hemorragia no paraba.
Alma me agarro la mano, y aunque no podía verla, sabia que estaba preocupada, y estaba seguro que los otros la estaban mirando con mala cara.
-Vete, por favor- le dije en tono de ruego, quería que se fuera, se lo repetí varias veces, tenia miedo que los otros la mataran, principalmente los cazadores de Transilvania.
Ella se fue sin decir una palabra de contradicción, escuchaba sus sordos sollozos, y las lagrimas que corrían por su mejilla.
Me quede panza arriba, los otros estaban alborotados a mi alrededor, traían y llevaban cosas y yo simplemente no decía ni una sola palabra.
Me había quedado en estado de shock y estaba agotado, se inyectaron un tubo por el que me metieron sangre, no sabían como iba a reaccionar mi organismo con sangre humana, pero lo intentarían de todos modos si eso me ayudaba a recuperarme.
Mi visión comenzó a volver, todo era muy borroso y cada tanto tenia apagones, poco a poco el sueño se apodero de mi cuerpo, lo último que vi fue la cara de Paul y la espalda de Alma mientras se retiraba lentamente.
Comencé a cerrar los ojos, solo escuchaba un “quédate conmigo” “no te duermas” mientras yo intentaba desesperadamente abrir los ojos, pero mis parpados pesaban demasiado, no los podía levantar de ninguna manera.
Ya no había nada que hacer, ese era el fin, así lo dictaba el destino y nada lo iba a poder cambiar, mis intentos de no dormirme fallaban, no lo conseguía, si dormía seria para siempre y nada lo podía cambiar.
Me habría gustado de despedirme de mis amigos, pero ya no soportaba el dolor, mi mente seguía activa, pero mi alma nadaba en un mar de dolor y desesperación, mi cuerpo estaba prácticamente destrozado.
En mi corazón abundaba la tristeza y no sabia por que, estaba hundiéndome en un pozo oscuro  y solitario en el que no se podía salir, después de un rato no sentí nada mas, mis sentidos estaban nulos y mi mente estaba apagada.
Desperté en mi cuarto, todas las cosas estaban intactas, solo que ahora tenia tubos y cables por todo mi cuerpo, tenia vendas por todo mi cuerpo y también tenia puesto suero.
Me ardían los ojos, no podía recordar nada de lo ocurrido, y mi mente estaba completamente en blanco.
No estaba nadie en mi cuarto, no se escuchaban ruidos ni adentro ni afuera, supuse que estaba solo, no tenia nada que hacer, no me podía levantar y con solo moverme las heridas se me abrían de nuevo.
Solo podía quedarme en la cama mirando la tele, y aunque intentaba disimular el dolor, muchas veces no me funcionaba  y gritaba o gemía.
No quería la atención en mi, no me gustaba que todos me atendieran, me pasaba la mayor parte del día viendo la tele, muchas veces el suero se me corría y me lo tenían que inyectar de nuevo.
Mi cuerpo estaba lleno de cicatrices, las odiaba profundamente, y no quería estar así, me traían malos recuerdos, yo esperaba que desaparecieran con el tiempo, pero no sabía que iba a pasar.
Todo lo que tenía era a los cazadores, después de eso, no era nada más que un hombre sin hogar, y si ellos me echaban de los cazadores solo seria un triste caso perdido.
No tenía familia, ni novia, ni nadie que me esperara al salir de aquí, decidí no preocuparme por eso, no tenía sentido amargarse por algo que ni siquiera paso, y tampoco iba  a pasar.
Ya casi estaba dormido de nuevo cuando Paul llego, se sorprendió mucho al verme casi despierto, yo me quede allí mirándolo, me dolía todo el cuerpo y no podía moverme lo suficiente para mi gusto.
-Hola, me alegro que despertaras, nos diste un gran susto- el se sentó junto a mi cama, y siguió hablando con un tono mas serio, no me dejaba articular las palabras, pero incluso hablar dolía mucho.
-¿Quién te hizo esto? ¿Que paso? ¿Por que te fuiste sin avisar a nadie?- sus preguntas parecían preocupadas, y el se quedo esperando una respuesta por un largo rato.
-Yo… escuche que se quieren deshacer de mí, salí enojado a comprar cigarros y unas motociclistas asiáticas me rodearon, intente luchar, pero me atraparon, lo último que recuerdo es haber despertado en una mesa atado con hierba santa y la tortura.
El me miraba confundido, no me dijo nada durante los próximos segundos, mi mente estaba recordando la tortura, hasta que el hilo de mis pensamientos se rompió.
-¿De que hablas? ¿Por qué te echaríamos del equipo?- en ese momento supe que no hablaban de mi, me invadió el sentimiento de vergüenza y la culpa se había apoderado de mi, no podía creer que había pensado mal y desconfiado de mis amigos.
-Nada, olvídalo- fue lo único que pude decir, ambos nos quedamos  en un silencio sepulcral,  de un momento a otro el recuerdo de la blanca figura de Alma se poso en mi mente, como un muro de acero que no se lo puede derribar con nada ni mirar hacia otro lado.
El abandono la habitación, yo seguía pensando en ella y comencé a recordar como me tomaba entre sus brazos con la ternura de una madre y como me llevaba al refugio corriendo el riesgo de que la matasen. Me sentía mal por ella, estaba seguro de que Isaac no la habría recibido con flores exactamente.
Con el pasar de los días, las heridas comenzaban a sanar y ya no me hacían falta los cables ni el suero, pero seguían dándome mucha atención para mi gusto, a veces quería tener un poco de privacidad para poder aclarar mis ideas.
Tuve varias charlas con todos, pero en el fondo yo quería ver a Alma y agradecerle después de todo ella me había salvado la vida, en cierta forma se lo debía, pero aun no podía salir, mis piernas no funcionaban como era debido, cuando quería salir de la cama, me tenia que manejar con la silla de rueda, y supe que iba a ser así por un largo tiempo, sabia que ella no vendría, y eso me parecía demasiado conveniente, no quería que sintiera lastima por mi.

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